Es innegable que el mundo se divide entre las personas de acción, que en tiempos antiguos fueron los navegantes y comerciantes que se dieron a la tarea de descubrir y conquistar nuevos mundos, y los hombres de vida contemplativa, los dedicados a indagar las verdades profundas del mundo, su constitución íntima: los científicos, filósofos, escritores y artistas son ejemplos de esta clase de personalidades. Así que no todo movimiento es positivo ni una aparente calma o lentitud física representan un estado de inacción.
Ocupaciones de tanta importancia para el desarrollo de la humanidad como la filosofía, la física y, en suma, todas las ciencias, han requerido de hombres que, entregados al ocio, han tenido tiempo para sentarse a observar el mundo y elucubrar sobre su conformación, no todo en la vida se puede resumir a acumular ceros en el banco: el pensamiento profundo y las grandes ideas pueden surgir de la simple observación de los hechos del mundo, tal y como le sucedió a Newton con su famosa manzana.